Decidir es un dilema: Proceso anclado a la realidad

Por: Miguel Latouche. – Contribution Writers. Todo proceso de Toma de Decisiones debe estar anclado a la realidad. A la realidad tal cual es y no solo a la manera como la percibimos. De allí que sea tan importante construir visiones de  mundo que no se encuentren ancladas a nuestros deseos y expectativas. Podemos correr el riesgo de distorsionar nuestra percepción acerca del mundo circundante, lo que puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas. Es necesario conocer cuál es la dimensión del juego.

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Cada uno de nosotros posee mapas cognitivos a través de los cuales tamizamos nuestras percepciones, estos nos ayudan a simplificar la búsqueda de información y el procesamiento de datos. Debemos ser cuidadosos cuando la información que obtenernos contradice los contenidos de nuestros mecanismos de cognición, corremos el riesgo de hacernos trampa para que la data encaje dentro de nuestro sistema de preferencias.

De allí la necesidad de garantizar que en los grupos de decisión exista algún grado de disidencia, que permita que se discutan los temas y se cuestionen los análisis y los puntos de vista planteados en el estudio de una situación problemática. Es necesario evitar el síndrome del Pensamiento Grupal, aquel que lleva a los miembros de un grupo a pensar exactamente igual acerca de un problema como un mecanismo para evitar la disonancia cognitiva y fortalecer el sentimiento de pertenencia.

De igual manera debe evitarse caer en la tentación de ‘podar las ramas’, en general allí hay mucha información. El procesamiento de datos debe ser lo más extensivo que sea posible en el tiempo que tenemos disponible para decidir. Por último es necesario evitar la sobrestimación de nuestras capacidades, la subestimación de otro y la improvisación.

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Lo primero porque nos lleva a descuidar, por exceso, el proceso de analizar la información disponible, evaluar exhaustivamente alternativas, construir consensos. Lo segundo porque es necesario recordar que el otro también juega, que tiene recursos y que está dispuesto a utilizarlos en su beneficio. Un axioma que es necesario considerar es aquel según el cual debemos suponer que nuestra contraparte es, al menos, tan buen jugador como nosotros mismos. Lo tercero porque ninguna estrategia eficiente resulta de la buena suerte. Cuando improvisamos corremos el riesgo de equivocarnos, de incurrir en errores inesperados, de quedar sometidos al stress decisional. La Fortuna juega pero no siempre lo hace a nuestro favor.

Ilustrado por: Daniel Peraza

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